
Existen otras conceptualizaciones que de alguna manera rozan el concepto de «zombie» -propuesto por Eagleman- y que de alguna manera participan en la idea de multiplicidad de agentes mentales. Uno de ellos es la «teoría de esquemas». Una teoría de raíces piagetianas.
Un esquema es una estructura o patrón cognitivo de información, cada esquema sería disparado en función de las necesidades y de la toma de decisiones, serían algo así como paginas de un libro cada una de las cuales contendría la información necesaria para la comprensión y resolución de un problema, sin embargo estas instrucciones son inespecíficas y cada una de estas paginas contiene lineas en blanco que hemos de reescribir nosotros mismos a través de la experiencia. Como en la teoría del zombie, la pagina no puede reescribirse o hackearse pero a través de sus ranuras puede completarse la información que brinda, algo así como un encuadre, un enfoque o un marco de referencia.
En su libro Schemata: the building blocks of cognition (1980), que tuvo una influencia trascendental en el desarrollo de la teoría de esquemas, David Rumelhart afirmó que el concepto de esquema hace referencia al conocimiento que poseemos. En concreto, estos se corresponderían con conjuntos de información de carácter genérico, relativamente poco específico.
En estos esquemas se representa la experiencia humana a todos los niveles, desde las percepciones sensoriales más básicas hasta aspectos abstractos como la ideología, pasando por los movimientos musculares, los sonidos, la estructura y los significados que componen el lenguaje.
Según Rumelhart y Norman (1975) los esquemas están compuestos por distintas variables que pueden adquirir múltiples valores. La información que obtenemos es procesada a nivel cognitivo y comparada con los esquemas y con sus posibles configuraciones, que almacenamos en la memoria a largo plazo y aumentan la eficiencia de nuestra cognición.
Uno de los problemas que plantea y a la vez explica esta teoría tiene que ver con los errores cognitivos que llevamos a cabo para tratar de explicarnos la realidad o para tomar partido por una de las partes de una contienda cualquiera. Para entender mejor cómo a veces nos equivocamos de esquema a la hora de computar la realidad, voy a poner el ejemplo muy actual: la guerra en Ucrania.
Errores cognitivos usuales en situaciones extremas.-
Evidentemente no es lo mismo construirse una opinión sobre esta guerra si vivimos lejos de ella, y aunque las consecuencias de la misma están por llegar en nosotros los europeos, es evidente que los ucranianos que están siendo bombardeados a diario tendrán una opinión bien distinta a la nuestra. No existe una situación tan desambiguadora como la guerra a la hora de tomar partido por uno u otro bando. Si tengo un pariente que ha muerto asesinado por los rusos voy a ser anti-ruso y al revés sucederá con las víctimas del otro bando. Lo interesante es que el odio al autor del bando perpetrador es un odio comprensible que induce empatía en un observador cualquiera. ¿Quién de nosotros no está conmovido empáticamente mientras contempla esa cadena de refugiados que huyen de sus casas o que son aplastados por las bombas? Es natural apiadarse de las víctimas de esa guerra ( o de cualquier otra) sin embargo son discutibles los argumentos que llevan a unos comentaristas o a otros a analizar las causas de esta guerra sin caer en la tentación de considerar un bando bueno y otro bando malo. Este maniqueísmo es característico de las guerras, de todas las guerras. Unos creen que el bando contrario es capaz de todas las maldades mientras que el propio es depositario de todas las virtudes. Es algo que aun podemos ver en relación con nuestra guerra civil: sin haberla vivido, y solo a través de testimonios familiares somos capaces de construir una narrativa donde «los nuestros» ,eran los buenos mientras que los otros eran malvados sin matices.
Cuando se piensa bajo este esquema cualquier análisis sobre las causas objetivas de la guerra es percibido como un intento de blanquear la conducta del otro y es atacado por los beligerantes del grupo anterior. En el momento en que es más preciso el sentido común es cuando el sentido común más se niega y se sospecha de las intenciones de sus emisores. Hoy por ejemplo las redes están llenas de ataques frente a los que consideran agentes a sueldo de Moscú o agentes globalistas al mando de la OTAN. Es lo que sucede cuando la desinformación se hace doméstica.
Pero en realidad lo que sucede es que al analizar un fenómeno cómo este lo hacemos echando mano del esquema equivocado.
El esquema tribunal de justicia.-
En este tipo de esquemas de carácter moral se pretende dirimir sobre la licitud, la legalidad, la inmoralidad o el “derecho” de los adversarios y se intenta hacer ver que ello sirva para averiguar a cuál de ellos hay que apoyar. Y así, claro, para los que usan este esquema, la conclusión es:
siempre una auténtica falacia, es decir un razonamiento erróneo: como tal o cual contendiente es “culpable”, mientras que el otro es “inocente”, apoyo a uno y no a otro.
Sigo citando a Vicente Miró:
El esquema del tribunal de justicia servirá, eso sí, para saber quién es el bueno y quién es el malo pero:
La consideración moral sobre las personas que contienden en una guerra no es principal ni primariamente el criterio por el que pueda o deba apoyarse una guerra.
Y sí, ya soy consciente que usted estará a estas alturas escandalizado pero espere y siga el argumento hasta el final y convénzase de que:
el apoyo que debe prestarse a uno u otro bando en una guerra ha de estar marcado en primera instancia por el interés nacional, en segundo lugar por la posición en que quedará el mundo según gane uno u otro y sólo en tercer lugar por cuestiones de la moralidad personal de los contendientes.
La solución no es otra sino cambiar de esquema:
Consiste en encontrar un esquema cognitivo donde las relaciones entre cada uno de los elementos subrayados en el aserto anterior encuentren acomodo en él de tal forma que ambos –esquema y situación real– respondan a la misma lógica, con lo que las conclusiones que saquemos por analogía razonando en el esquema serán igualmente válidas, mutatis mutandi, en la situación real.
El esquema cognitivo que usted debe activar para razonar bien en lo relativo a la guerra no es el tribunal de justicia sino el de “estado de sitio permanente con rehenes”, pues en dicha situación se encuentran todos los elementos que se dan de manera análoga en la guerra entre pueblos o países.
Para comprender a fondo lo que acabo de decir, hay que empezar por dibujar una situación-tipo de “estado de sitio con rehenes”:
Imagínese que una banda de atracadores o de terroristas compuesta por varias personas armadas se ha hecho con el control de un determinado ámbito físico (un banco, un edificio, una escuela), ha tomado una serie de rehenes de diversa extracción y quiere obtener con tal acción algún tipo de botín o ventaja negociando con las autoridades.
Considere además, para que la metáfora pueda llevarse hasta sus últimas consecuencias, que la situación de sitio es permanente, es decir, es una situación autocontenida, donde no hay un mundo exterior al que recurrir en el que policías, tribunales de justicia y sistema carcelario vayan a librarle a usted por siempre jamás de la acción de los que portan armas y ocupan un determinado territorio.
Pues este es el problema y la razón de la guerra: las naciones tienen intereses y esos intereses se oponen a los intereses de los vecinos.
Todas y cada una de las circunstancias en las que históricamente se ha desarrollado la vida de los pueblos, en cada asiento geopolítico particular, responden a esa misma forma de “sitio permanente con rehenes”.
Es decir somos rehenes de nuestros estados, gobiernos, imperios, algo que no percibimos acaso en tiempos de paz pero que salta a la vista en tiempos de guerra, los ucranianos tienen dos opciones, huir o pelear con pocas opciones de ganar si no es en una guerra de resistencia larga y amarga como demuestra Vietnam, España en la guerra contra Napoleon, Afganistan, Camboya y otras. Resistir parece que acaba con los recursos del invasor o al menos disminuye sus incentivos.
El esquema es siempre el mismo y se ajusta a una situación en que gente, armas y topos o lugar físico han de acomodarse en aras a alguna mejora para ambos.
Aquí sí que tiene usted los elementos que le van a permitir extractar las claves analógicas para entender cuál es la dinámica real que se da en las relaciones internacionales y, por ende, en la guerra.
Dichos elementos no son más que cinco:
- Las personas armadas
- Las personas retenidas
- El ámbito físico en en que todos ellos se encuentran
- El botín que está en juego
- Las armas que puedan estar en posesión de unos y otros
Ahora, razone usted conmigo y piense: ¿Qué es lo esencial a dilucidar para cómo mejorar en esta situación? Da lo mismo si usted es un terrorista o un rehén, los elementos de análisis son idénticos para ambos y, en realidad son sólo dos: los relativos al ámbito físico y los que tienen que ver con la contextura psicológica de todas las personas involucradas, tanto rehenes como terroristas.
Justifiquemos esto con cierto detalle:
- El ámbito físico.– Es esencial tomar en cuenta lo siguiente:
- Tener muy presente un esquema estático del sitio que contemple dónde están las salidas (puertas y ventanas), dónde los escondites, si existe algún elemento del mobiliario que pueda ser usado como arma, si alguna superficie puede instrumentalizarse (reflejos, deslizamientos), y cualquier otra cosa que a usted se le ocurra en relación con el lugar concreto donde se está llevando a cabo el sitio y que es imposible de anticipar previamente, sólo in situ.
- Estudiar cuáles pudieran ser los movimientos o cambios de posición de las distintas personas para obtener alguna ventaja, por ejemplo lograr un mayor acercamiento a una salida, en qué posición las armas serían inoperantes, etc., etc., etc.
- La contextura psicológica.- La indagación sobre quién es cada cual en una situación de sitio con rehenes es absolutamente fundamental:
- ¿Cuál es la dinámica de grupo entre los asaltantes? ¿Quién es el jefe? ¿Cómo se llevan entre ellos? ¿Quién de ellos inteligente, quién tonto, quién cobarde, quién aspirante a jefe?
- Lo mismo entre los rehenes: ¿Esconde el probo contable el espíritu indomable de un león o un Rambo? ¿Es el guarda de seguridad –representante formal de la ley y el orden– verdaderamente profesional? ¿Se puede esperar alguna reacción histérica por parte de alguno de los presentes? ¿Existe alguien capaz de convertirse en colaborador nuestro?, etc., etc.
- Es importante comprender que el “perfilado psicológico” de todas las personas involucradas (atracadores, rehenes y guardias de seguridad o fuerzas de orden si las hay) debe hacerse , si es posible, no sólo sobre los datos que arroja el presente (qué actitud muestran, qué dicen, cómo se manifiestan) sino muy especialmente sobre los datos históricos de cada una de las personas allí presentes (por ejemplo si hay delincuentes habituales o con crímenes de sangre) o si conocemos algún dato de la biografía personal de alguno de ellos que pueda servir de indicio para especular con fundamento sobre su reacción en caso de haber movimiento por parte nuestra.
En fin, creo que no hace falta dar más ejemplos sobre lo que es verdaderamente relevante en esta situación. Ahora, eso sí, me voy a permitir el lujo de hacerles ver a ustedes cuán absurdo es en estas condiciones el argumento sobre la calidad moral de los contendientes.
¿Se imagina que, siendo usted rehén en una situación de sitio con terroristas armados, su consideración principal fuera la de preguntarse sobre la catadura moral de aquellos con los que se ha de asociar, compinchar o hacer valer para salir airoso de la situación?
Ciertamente, yo no. Y usted a estas alturas tampoco –espero– pero, fíjese cómo sí se fijaría en otras cosas:
No cree que estaría usted más bien pendiente de qué persona –ya sea rehén, terrorista, o representante del orden– pudiera ser más asequible a establecer con usted algún tipo de alianza –por tenue y efímera que fuera– que le permitiera mejorar su propia posición o situación en el sitio y, aún mucho mejor, si esa mejoría se pudiera extender a algún otro rehén susceptible de aliarse con usted en la nueva situación?
Indudablemente, yo sí. Y creo que ahora usted también.
Las naciones no tienen amigos; tienen intereses.
Es un poco difícil de comprender en el país del Quijote, ese que deshacía entuertos, pero: España es el país en el que nunca hemos creido del todo en ese asunto de que las naciones tienen solo intereses, no hemos caído aun en la cuenta que se cambiaron muy tempranamente las reglas de actuación internacional y que la caballerosidad, la hombría de bien, las buenas ideas y la rectitud moral podían seguir aplicándose. Ese es sin duda el destello principal de autoconocimiento que aflora en El Quijote y que tanto hizo reír a propios y extraños en toda Europa; comprobar cómo aún había alguien que estaba enganchado al viejo paradigma medieval de enmendar entuertos por deporte.
Debe ser por eso que los españoles argumentamos siempre en forma moral y no cabe duda de que es nuestro deporte favorito, posicionarnos en un bando o en el otro, unos movidos por argumentos morales míticos con respecto al comunismo y otros contra ese mismos comunismo sin caer en la cuenta de que el comunismo ya no existe y solo quedan oligarquías que hacen la guerra entre sí.
¿Y quién ganará esta guerra? Lamento decepcionarles pero carece de interés para mi, pues gane quien gane todos vamos a perder: los rusos se arruinarán, los europeos morderemos el polvo y las democracias liberales colapsarán con o sin artefactos nucleares.
Aunque mi intención no era ofrecer una perspectiva tan pesimista sobre las cosas sino mostrarles la idea que propugna la teoría del esquema y alejarles todo lo posible de pensar en términos de buenos y malos. El esquema del «tribunal de justicia» no sirve para entender la guerra sino para fortalecer nuestra supremacismo moral covenciéndonos de que estamos a favor de los buenos.
Y los buenos -creanme- no son otros sino los ucranianos, esos que huyen de su hogar, los que mueren, y los que quedaron atrás y que necesitan reconstruir en algún otro lugar, su sentido de comunidad. Ese es el buen esquema cognitivo para nosotros y para ellos.
Armados con una comprensión compartida de la realidad, tenemos la(s) Capacidad(es) para satisfacer la(s) Necesidad(es) de otras personas. Claramente, nuestras familias tienen una alta prioridad, al igual que esos amigos cercanos, descritos como “almas gemelas” en la ilustración de arriba.
Las alternativas a lo que proporciona la estructura pueden surgir de grupos de interés mutuo que brindan redes de apoyo para la alimentación, la salud, la vivienda, la información y las necesidades de la vida. Los grupos de interés mutuo pueden ser locales, regionales, nacionales y globales. El objetivo no es un movimiento de masas sino círculos interconectados de confianza construidos sobre relaciones sólidas entre individuos y grupos. Una red orgánica y viva de redes análogas a las redes inteligentes de hongos/micelio .
Este post ha sido comentado a partir de los materiales de Vicente Miró, en este otro